23 de agosto de 2015

18 de agosto de 2015

Crear o morir
















Algún día

alguien

va a leer.

Algún día

alguien

va a arrastrarse

en mitad de la guerra

y va llenar de sangre el poema

y lo va a habitar

y lo volverá suyo.

Algún día

será tanto el ruido

o el silencio que te ensordece

que vas a intentar algo,

tal vez las últimas apuestas

de tu corazón gastado.

Algún día

alguien

va a arrastrarse

entre el odio

entre la guerra

entre la destrucción

y se va a subir a tu poema

para tan sólo

respirar.

Algún día

todo

engaño

caerá por su propio peso

y sólo quedará

un camino estrecho

casi imperceptible

casi mudo.

Algún día alguien

cansado de vivir una vida ajena

se levantará decidido

a vivir su propia vida

a crearla desde la nada

o desde el horror

a intentar la belleza en mitad de la destrucción.

Algún día

alguien como vos

va a surgir desde su vida ensangrentada

hacia las últimas ventanas con sol.




Foto / Poesía : Candelaria Rivero












17 de agosto de 2015

Resurreción diamante













Y si la resurreción
aguarda en forma de cristal
o de palabra
que yace dispuesta en lo invisible
aguardando ser empuñada.
Y si la resurrección
se abandona al juego de los días
al ajedrez que se libra
entre la sed y el tiempo.
Y si estás
a un paso
de una gran decisión
o tan sólo vas
en la dirección de los barcos
y cantás pero sin voz
en un puerto dibujado por un ángel.
Y si la resurreción
ya comenzó a gestarse
en tus entrañas
y en cada átomo de tu cuerpo
y en lo que reflejan tus palabras vencidas.
Y si esto que pasa
esto que olvidás
esto que sostenés
o dejás caer
es sólo andar por el recuerdo
entre diamantes ya conocidos..


Modelo: María Gomez
Foto / Poesía: Cande Rivero



13 de agosto de 2015

Nube




















Aquí
en la cima
de esta nube,
o reptando entre flores subterráneas
sostengo mi pequeño esqueleto.
Es la lluvia
llegando hasta nosotros,
es el aleteo
de una mariposa
al otro lado del mundo.
Las manos del aire
me reinventan.
Me quedo serena.
Posible o imposible.
Abeja en plena humedad,
cataclismo desordenado
pero que carga dentro
un sitio exacto
un pequeño pantano
en mitad de la sangre
donde reacomodar las piezas,
o intentar otro juego
más allá del juego que proponen las sombras.
Aquí
en el centro
exacto
donde se combina el delirio
y el perfume alado del agua
que llega de lejos
y pega
y retumba dentro
como el golpe de las alas
del ángel
en la memoria quebradiza y húmeda
fugitiva
huidiza
inalcanzable
diluyéndose entre los huesos
de mi pequeño esqueleto
de mi eterna sed,
como el golpe suave
de las alas de una mariposa
en mi jardín de agua.



8 de agosto de 2015

Caricatura






















a Marti Falkenberg



Pequeña hermana
pequeña mujer-duende
pequeño sol.
Gracias por mostrarme
el camino del guerrero,
gracias por animarte
a decirme siempre
la verdad
y sin herirme,
gracias por ser sincera
guerrera
hermana
mujer-hormiga,
gracias
por decirme la verdad
con tu voz chillona
y sin herirme
y sin juzgarme.
Mujer-árbol
no son tan grandes
los obstáculos
sólo así parece,
no son tan grandes los miedos
ni las preguntas,
es sólo tu costumbre
de dibujar el mundo
de manera exagerada,
es sólo tu hermosa costumbre
de aumentar el tamaño de nuestras narices
y nuestros ojos
y nuestras manos.
Pero vamos,
querida hermana,
date el silencio necesario,
que yo te amo con mi pequeña vida trastabillada,
y no es tan grande la pena,
sólo parece.


Foto / Poesía por Cande
Modelo dibujante; Martina Falkernberg


Pedido
























Dame las
doradas manzanas del sol*
dame el tiempo
convertido en puñal
y viajando a la velocidad de la luz.
Dame la llave
de cada espejo
de cada mar
de cada espera.
Dame la consagración de la primavera*
convertida en un lienzo
en una imagen donde pudiera permanecer
mientras termino mi café.
Dame el altillo de Alejandra*
y los sombreros de Magritte*
y las manzanas.
Dame todo aquello
que parezca destinado
a perderse en un intersticio
en los pliegues de tu piel
o en el silencio convirtiéndose en gris
a la velocidad de la luz.
Dame las viejas ecuaciones
y el placer de resolver
acertijos que nos hacían pensar
pero no nos sirvieron para vivir.
Dame el libro de arena*
y devolveme
mi vestido con flores azules
y mi sombra,
que voy olvidándome de todo
de la arena, de los libros
de los pasadizos que me llevaban
cada vez que quería
hacia otra cosa.
Dame mis flores desdibujadas
y la arena de circulaba por mi sangre
haciéndome creer que la vida estaba llena
de pequeños túneles
y abismos al final de cada abismo.
Dame las máscaras dormidas
y el sol con olor a museo
y los frascos diminutos
y los nombres inventados.
Dame los diálogos de Hamlet*
pero sin la tragedia
pero sin tanto palabrerío.
Dame la pasión enjaulada
en un pájaro que sueña
con ser elefante
o escarabajo.
Dame las pequeñas piedras
y la arena
y la vida atravesada por puñales de luz
que viajan
a la velocidad del viento.
Dame los frascos diminutos
y el amor que allí guardé
como migajas destinadas
a algún ángel,
a algún personaje
como los que siempre me dibujé,
esos
con sombrero
y alas
y pequeños espejos
que me llevaban tiempo adentro.
Dame los espejos
que yo misma rompí
para fabricar un rompecabezas
hecho con pequeños instantes
de vida refractada.
Dame el mar
la idea del mar
o al menos
su sonido.
Dame mi diario de memorias
imperfecto
y con días de ausencia
y con páginas y fechas incompletas.
No es tan grande mi vida ni ninguna.
Dame el poder de
no callar jamás
y el de construir hamacas
al borde de mí misma.


Foto / poesía por Cande
Modelo: Lucía García


(Referencias en órden de aparición a: Ray Bradbury, Igor Stravinsky, Alejandra, personaje de "Sobre héroes y tumbas", René Magritte, Jorge Luis Borges, Hamlet de Shakespeare)


31 de julio de 2015

La Casa

























                                      a Carlos e Imelda 

Nos mirábamos.
No sabíamos donde guardar
las imágenes,
el viento hundido
en cada pequeña cosa,
en el reloj,
en los retratos.
No sabíamos
dónde guardar el viento,
el que bailaba en la puerta
que da a nuestro jardín.
Ahora abrimos un umbral entre las horas,
entre las flores que nos miran
como si quisieran decirnos algo.
Ahora abrimos un túnel,
un nuevo túnel
hacia nosotros mismos.
Tal vez tenga que ser así.
Tal vez haya que cambiar
de tanto en tanto
una cosa por otra,
ir y venir en el espacio,
moverse por el espacio
o reinventar este juego de vivir.
Tal vez tenga que ser así,
tal vez sea bendito
poder cambiar,
poder ir y venir
recordando
o probando ser otros.
Tal vez de nada sirva una casa
si ya no puede llenarse de pájaros
si ya no puede llenarse de sol.
Tal vez sea demasiado el peso,
demasiado el silencio quieto,
tal vez haya
demasiadas habitaciones vacías.
Tal vez tenga que ser así
y sea bendito cambiar,
ir y venir
jugándole esta carrera al tiempo,
esta carrera a la simple muerte
a la simple y tan simple
muerte,
que pretende llevarnos en un descuido.
Tal vez sea bendito
reacomodar los relojes
reacomodar los muebles y el tiempo
en un nuevo espacio
o inventar nuevos pájaros
en un nuevo jardín.
Tal vez nada se pierda.
Nada.
Sólo golpea adentro
una campana de fuego
que nos recuerda que estamos vivos,
sólo una lanza con luz
que nos dice: vamos, vamos
hay que seguir.
Tal vez sea importante
de tanto en tanto
reacomodar los muebles
las plantas
el corazón,
para volver a dar
un beso de luz
a cada uno de los que amamos,
tal vez sea importante
recordar
que aunque cambiemos de puertas y ventanas
de traje y de zapatos
y de palabras con las que nombrarnos,
tal vez sea importante recordar
que hay algo dentro que perdura,
algo que tiembla dentro
como un milagro,
como un frágil milagro.
Es esta vida,
es esta palabra que insiste,
besando nuestros huesos,
es esta vida que golpea
y tañe su campana de fuego
su campana insistente.
Es esta vida la que nos reclama,
es este
recordarnos el amor,
más allá de todo espacio,
más allá de las puertas las tazas
el diario los relojes
las plantas las paredes,
más allá de las paredes de nuestra casa
y de nosotros mismos,
más allá
está esta vida,
que nos invita ahora
a bailar
a cambiar
a reinventar
un cielo y un jardín
donde volver
a acomodar el corazón.




Fotografía / Poesía por Cande Rivero
Modelo: Rocío Rivero



Suelto globos de color en el paisaje blanco. Adentro de la imagen veo a la niña que tiembla. Le acerco por un borde una cano...