Civilización litoral

























Bautizamos la isla.
Armamos nuestro pequeño templo civilizado,
nuestra carcaza de lata
muy bien construida con restos,
con lo que la humanidad ha podido darse
a sí misma.
Implantamos un esqueleto lleno de chatarra
en la isla sonora.
Le llamamos casa.
Pensábamos que el lugar se iba a llenar
de grillos serpientes caracoles.
Pero no.
Tal vez desconfiaron de nuestra guarida.
Tal vez lo que nosotros llamamos hogar
tenga poco de hogar
poco de tierra
poco de vida.
Así que ahí quedó
la instalación,
abrazada por aguas
que saben siempre querer lo que tocan
sin importar el nombre.
Los adorados camalotes
le hicieron espacio entre sus brazos,
y la imagen susurra bajito:
por acá...
por acá pasó el hombre.



Foto / Poesía: Cande Rivero

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