Del libro "Los árboles azules"

1.

En uno mismo
el resplandor desconocido
teme y acecha a la vez

como sonido
como gota de sangre en el mar
como el mismo mar

Hay el canto imperceptible
que renace entre los árboles del sueño
ese fuego en el vacío
un demorar la caída a cambio de nada

y esa luz que crece
y la dejo estar así

en ese espacio incomprendido aún
con mis manos sosteniendo

las raíces dormidas.

2.

Se abrió una puerta y no esperé el calor del sol.
Pensé en la herida retorciéndose en mi memoria.

Hoy vi las flores una por una, casi llorando
las vi por primera vez.

No sé si volveré a nacer
no sé si eso es algo que deba saber

estoy demasiado viva  como para dejar así
que este dolor se vaya quedando.

Me recorre un delgado grito  mutilado y blanco
pensé en no mirar el adentro.

Hoy alguien trepó con más fuerza
hasta la habitación oscura
derribando lo falso
para que vuelva el día a cada uno de nosotros.

No necesito decir nada que escape a esa luz

un sonido seguirá viajando
hacia alguna salvación

algo que se quiebra ante otros ojos
y tiemblan sus aguas    en un punto del silencio.

3.

Dejar caer la cabeza
a rodar entre las cosas del silencio.
Ceder las manos al agua
que sueña con traspasar los límites de la piel
y fundirse con la sangre.
Ver en la ventana
(de nuestra habitación o del tiempo)
los muros alejarse
o los ojos detenerse
(y clavarse en un segundo de viento)
o la orilla más lejana de la respiración
o ese débil espacio que cargamos siempre
que ni la arena sepulta.
Oímos las espadas
que tienen sed de nosotros
y que alguna vez abandonamos
porque dejamos de temblar frente al espejo.
Qué más tengo
sino esta sombra que camina por mí
sino este cuerpo
hecho cruz en una esquina del olvido.
Pero supe que al fin
la ventana que me separa de mis ojos
está hecha de esa red silenciosa
que se detiene ante las ceremonias del agua,
una red obligada de silencio
que se detiene ante la sangre
y las palabras que ella delata
y que no soy sino
una fracción de un sueño
esa herida que construyo
noche tras noche.

4.

Me descalzo.
Vago.
Trepo a la eternidad.
Vuelvo.
Caigo en la mirada inútil
de alguien que es huérfano en mi silencio.
Vuelvo a mi espalda vacía.

5.

Corrés en lo alto
para ver la flor
el muro prohibido
los diamantes sucios que acumuló el sueño
y a la vez
el tiempo es un grito que se retuerce en tu cuerpo
y parece que nadie mira
que el mundo se quiebra y somos tan sólo una imagen de eso,
y a la vez
el agua se abre infinitamente
bajo el puente de los días
bajo el silencio
y el animal dorado despierta
y vas a seguirlo una vez más.

Selección del libro "Los Árboles azules". Candelaria Rivero. Ed. "La Gota". Santa Fe. 2007.
Puntos de venta: El Arca del sur / Fauna de diseño / Ciudad de Santa Fe
Contacto con la autora: candikrash@gmail.com
Se permite la reproduccción total o parcial citando la fuente.


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